Historia de las farolas (II)

Continuando con la historia de las farolas, en esta segunda parte te contamos el impacto que tuvo la llegada de la luz eléctrica.

Aunque los primeros experimentos con luz eléctrica se remontan a 1650, conducidos por el físico alemán Otto Von Guericke, tuvieron que pasar más de 200 años hasta que esta tecnología pudiera utilizarse de una manera más general.

La primera aplicación práctica de iluminación eléctrica se atribuye al ingeniero militar ruso Paul Jablochkoff, que en 1875 desarrolló la que se conoce como “vela Jablochkoff”. Esta tecnología empleaba luz de arco, es decir, dos electrodos de carbón separados por un pequeño espacio de aire, de manera que cuando se aplicaba un flujo eléctrico a un electrodo, éste fluía hasta el otro a través del aire, creando un arco de luz. El uso de corriente alterna aseguraba un desgaste igual de los dos electrodos.

La “vela de Jablochkoff” iluminó la Avenue de l’Opera y los Grands Magasins du Louvre durante la Exposición Universal de París de 1878, en la que se presentó también el teléfono de Graham Bell. El éxito de la iluminación le valió a esta ciudad el calificativo de la “Ciudad de las Luces”.

Ese mismo año Londres empezó a iluminar sus calles con farolas eléctricas, y en 1881 contaba con 4.000 unidades en uso. En Estados Unidos había 130.000 farolas instaladas en 1890. Este fenómeno, además, propició la aparición de muchísimas compañías eléctricas (en 1885 había 600 en Estados Unidos).

Sin embargo, el arco eléctrico presentaba dos inconvenientes. Por un lado, emitía una luz muy intensa y agresiva que, aunque apropiada para zonas más industriales, no era muy adecuada para las áreas residenciales. En segundo lugar, requería un mantenimiento intensivo, ya que los electrodos de carbón se consumían rápidamente.

Estos problemas quedaron solucionados con la aparición de la bombilla incandescente de Thomas Edison a finales del siglo XIX, aunque esta tecnología convivió durante muchos años con las lámparas de arco.

Farola
Las farolas han pasado a formar parte de ambientes de exterior modernos

A partir de este momento, los avances tecnológicos fueron más modestos, y la atención se dirigió a mejorar la estética de las farolas. Precisamente datan de esta época las clásicas farolas victorianas de molde de hierro, de las cuales aún se conservan muchos ejemplares en las calles.

A lo largo del siglo XX aparecieron las lámparas de descarga, que utilizan vapor de mercurio o sodio a distintas presiones, y que todavía hoy son las que encontramos en numerosos espacios públicos debido a su gran eficacia.

En los años recientes hemos visto la irrupción del LED, cuyo uso va extendiéndose poco a poco en las calles de nuestras ciudades. Por otra parte,  los recientes diseños de farolas con una estética moderna han posibilitado que éstas hayan pasado a formar parte de la iluminación exterior de muchos hogares.